miércoles, 21 de abril de 2010

Articulos sobre la Universidad

Manuel Burga dice que Redes de Alas Peruanas fueron más complejas que las del Caso Petroaudios

La República, Lun, 23/11/2009 - 12:55

La red que tiene la Universidad Alas Peruanas es mucho más compleja que la del caso de los petroaudios, afirmó Manuel Burga, ex rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, tras recordar que este cuestionado centros de estudios mantiene su vinculación con autoridades políticas, parlamentarias y judiciales, que serían las llamadas a realizar un cambio en el sistema universitario.
Fue al comentar las declaraciones de Fidel Ramírez Prado, rector de UAP quien en la víspera considero que “no es pecado” costear viajes y estadías en el extranjero a congresistas y magistrados del Poder Judicial.
“Esto es más que eso, porque es la punta del iceberg que demuestra algo que todos los universitarios conocemos, la presencia muy difundida en redes de este tipo de empresa–universidad- negocio, organizada por decreto legislativo 882 y ahora sale su rector a decir que esto sólo es un escándalo y que es normal. (…) ¿Qué hacer? ¿Suprimir ese decreto 882? Imposible, por una razón muy sencilla, los que integran la Comisión de Educación - en una buena proporción – están vinculados a esta universidad”, manifestó en el programa “No Hay Derecho” de Ideeleradio.
“¿Quién puede cambiar esto? ¿El ministro de Educación? Si el ministro (Antonio) Chang es rector de una universidad del mismo tipo. ¿Qué hacer verdaderamente? Promover una ley universitaria ¿Quién la da? La misma comisión de Educación del Congreso ¿Qué esperanzas hay? Que las universidades se reformen a ellas mismas y que las universidades privadas de categoría tengan una presencia mayor, porque verdaderamente estamos ante redes más complejas que en el caso de los petroaudios”, agregó.
Tampoco el Poder Judicial
Comentó que el Caso alas Peruanas debe llevarnos a una mayor reflexión sobre lo que es la universidad peruana, pública o privada. Recordó que el tema de la proliferación de centros de estudios superiores como “empresa-negocio” surgió a partir del decreto 882 de 1996, emitido durante el gobierno de Alberto Fujimori.
“Por este decreto se permite la inversión privada y la ganancia en educación, ya que no hay dinero del tesoro, se deja que el capital invierta y haga sus negocios, pero hay que distinguir entre la universidad privada como la Católica y la universidad Alas Peruanas, hay una enorme diferencia”, remarcó.
“Haber mercantilizado la educación, para que haya dentro de esa mercantilizació n, eso es pasible de ser sometido a pena por el Poder Judicial, pero qué Poder Judicial puede hacerlo. Es una situación bastante delicada en el país”, apuntó.
Se debe separar a congresistas vinculados a “universidad- negocio”
Burga Díaz consideró, en ese sentido, que sería “mucho pedir” al ministro Antonio Chang un pronunciamiento claro en torno al caso Alas Peruanas. Recomendó a la Comisión de Educación que separe a aquellos legisladores que están relacionados con lo que el denomina “universidad- empresa-negocio”.
“Creo que es mucho pedir, quizás se pueda esperar algo de la comisión de Educación, que pueda invitar a salir de la comisión de Educación a quienes tienen compromisos, vinculaciones con universidades de este tipo. Pero, ¿qué tiempo tienen? Si lo otro tiene que haber con el espionaje, con los asuntos comerciales, esto tiene que ver con la formación de la ciudadanía y esto es un retraso”, señaló. (Con información de Ideeleradio)



Cifras de una crisis

Jue, 01/04/2010 - 19:21

Manuel Burga
Hace dos semanas el proyecto de nueva ley universitaria fue técnicamente archivado en el Congreso, como otra muestra del desinterés por la educación nacional, sin embargo Mercedes Cabanillas, sin sonrojo, ni mueca alguna, argumentó lo contrario, para su caso personal. ¿Cuán profunda en realidad es la crisis de la educación pública peruana? CAD, Ciudadanos al Día, acaba de publicar su Boletín electrónico 62, donde analiza a las universidades públicas. Las cifras y gráficos que se exhiben desnudan una crisis que ya parece grave. El total de universidades ha subido a 98: 35 públicas y 63 privadas. Las privadas representan el 64.3 del total de universidades, un récord en AL, quizá también en el mundo occidental.
Podríamos ahora decir que un alto porcentaje de los 22 mil docentes de las públicas trabajan en las privadas, como hacen los policías cuando fuera de sus horarios de trabajo prestan servicios de seguridad a bancos y empresas privadas. Nadie podrá calcular esta dimensión del deterioro de la enseñanza universitaria, pero podemos suponer que es notable y degradante. Aunque no podemos negar que los docentes también se benefician de esta anomalía, ya que así completan sus magros salarios, aunque sin duda alguna las privadas ganan más con muchos profesores baratos por horas.
El presupuesto de las universidades públicas, entre 2006 y 2010, ha pasado de 1665 a 2346 millones: un apreciable incremento del 41% en menos de cinco años, que se diluye cuando examinamos, por ejemplo, el presupuesto de San Marcos que ha pasado de 232 a 294 millones, reduciéndose el incremento al 20%, porcentaje que más bien refleja el cumplimiento parcial de la homologación. El otro 20% del incremento parece estar destinado a las universidades públicas nuevas. Entonces, si descontamos la inflación de estos cuatro años, el incremento para la mayoría de las públicas simplemente desaparece.
Esta situación se vuelve preocupante cuando analizamos las partidas genéricas de cada presupuesto y constatamos que el 80% va a gastos corrientes, remuneraciones de activos y cesantes y solamente un 20% para Gasto de Capital, incluyendo inversiones en infraestructura. Esto convierte, indudablemente, a las universidades públicas en una suerte de cajeros automáticos de gente mal pagada. El presupuesto de las universidades públicas, por otro lado, tiene dos fuentes de financiamiento: un 60% viene del Tesoro Público, un 30% son recursos propios y un 10% son donaciones, transferencias y canon. Las oficinas de Economía y Tesorería de estas universidades en realidad manejan solo ese magro 20% del Tesoro Público, más sus recursos propios, el 80% el MEF lo deposita mensualmente en las tarjetas multirred de docentes y trabajadores.
Sin embargo, nos encontramos con la sorpresa que las públicas no ejecutan completamente sus presupuestos. Para el año 2009 hay solo cuatro universidades que gastaron todo. Las 31 universidades restantes no lo pudieron hacer. San Marcos, de nuevo, ejecutó el 92% de su presupuesto asignado; lo que podría parecer bien. Pero si este porcentaje lo convertimos en cifras absolutas tenemos que dejó de gastar 24 millones: con lo que hubiera podido construir dos facultades.
Esta situación se vuelve dramática cuando constatamos que la UNSAAC de Cusco y la U. de Cajamarca, ricas en canon, han ejecutado solamente el 48 y 43%, respectivamente, de sus presupuestos 2009. Entonces, la crisis de la universidad pública ya grave cuando miramos la calidad académica, las gestiones erráticas, la ausencia de planes estratégicos y de investigaciones trascendentes, palidece cuando nos encontramos con burocracias universitarias ineficientes, lentas y probablemente corruptas.
¿Le interesa acaso esta realidad a la anodina Comisión de Educación integrada por tontos útiles y por cómplices de los comerciantes de la educación superior universitaria en el país?


La orfandad del posgrado
Jue, 04/03/2010 - 00:00

Por: Manuel Burga

Algo similar dijo Michael Porter para el sistema educativo peruano y lo mismo se puede decir para la educación superior pública y especialmente para el posgrado universitario. Esta es la triste realidad. Es decir que al llegar a la cúspide de un sistema educativo, a la anhelada meta que persiguen los gobiernos y los individuos que quieren ser maestros y doctores, se descubre que no existe ningún programa estratégico.
Los resultados de esta ausencia del Estado: San Marcos, por ejemplo, debe tener 29 mil estudiantes en pregrado y 6 mil en el posgrado, del cual deben egresar anualmente 600 y no se gradúan ni el 5% de los egresados, en los dos años siguientes.
En la universidad pública el pregrado es gratuito, cuando se tenía entre 18 y 23 años, y se podía recurrir al apoyo familiar y no era necesario investigar para aprobar los cursos. Ahora, en el posgrado, entre los 27 y los 35 años, cuando ya no hay ayuda familiar, sino más bien obligaciones familiares, no hay quién apoye estos estudios, sea en San Marcos y en cualquier otra pública. En algunas privadas, el posgrado es el gran negocio, pero también en las públicas, en las cuales sirve para pagar algo más a sus docentes de más calidad.
Muchos universitarios, en los 60, tuvimos la suerte de gozar de una beca de estudios en el extranjero y culminar una tesis doctoral que pronto pudimos convertir en libro. Ahora ese tipo de becas se han reducido a su mínima expresión, e incluso ha desaparecido.
Los perjudicados son países como el nuestro, que no tienen programas públicos de reemplazo. El gobierno peruano, en un gesto sin institucionalidad, pero con fotografías en Palacio, entregó 111 becas el 2009, que algunas autoridades universitarias, sin vergüenza alguna, entregaron a sus estudiantes políticos, que los sostienen.
Existe, desde el 2008, contrariamente, el Sistema Bicentenario Becas Chile que “tiene como objetivo fundamental la definición de una política de largo plazo de formación de capital humano avanzado en el extranjero”. Es un proyecto de grandes dimensiones que ofrece 2000 becas anuales, bien pertrechadas, para profesionales chilenos que deciden hacer sus maestrías y doctorados en el extranjero. Su meta es contar, en un plazo de 10 años, “con más de 30,000 maestros y doctores formados en el exterior”.
Esto podría parecer un evento coyuntural, pero no lo es. Un breve artículo de Adolfo Melfi, ex rector de la USP de Sao Paulo, y de Shozo Motoyama, profesor de la misma U., “La educación superior en Brasil”, que se publicará en España, en un libro colectivo, ilustra a cabalidad este proceso.
Nos indican que la inversión brasileña en educación se inició en los 60 y que ahora tienen un posgrado con un enorme respaldo estatal. Brasil es un país de 190 millones de habitantes, pero sus becas de posgrado simplemente nos dejan sin aliento: “En 2008, el sistema recibió de las agencias federales (CAPES y CNPQ) 57,785 becas, siendo 33,518 para los programas de maestría y 24,267 para los de doctorado” (Melfi y Motoyama).
¿Qué ha sucedido en nuestro país donde el Ministerio de Educación está informalmente albergado en alguna parte y en Brasil ocupa el mismo edificio –diseñado por Oscar Niemeyer– desde 1946? Este hecho ya sería emblemático de la ruina de nuestro sistema educativo público. ¿Por qué se abandonó a la educación pública en los años 70 y 80? No hay respuestas convincentes.
Lo cierto es que hoy, ante la escasa inversión pública, la educación privada ha crecido anómalamente, no para suplir esta ausencia, sino más bien para hacer negocio del infortunio y demoler los ahora escasos centros de excelencia educativa, en las universidades públicas y privadas.


Nicolás Lynch –

Hemorragia universitariaEscrito por marcel en Jueves, 13 Mayo 2010 en: Acuerdo en los medios

Etiquetas: Acuerdo en los medios, Nicolás Lynch, Nuevas universidades


Volvemos al tema porque la creación de universidades nacionales por el Congreso de la República no cesa. Le recordamos al lector que en los últimos dos años el Congreso ha creado tres nuevas universidades nacionales, las de Jaén, Cañete y Chota, teniendo el pleno en la actualidad para debatir la creación de las universidades de Huanta, Barranca y “de la Frontera” de Sullana. Asimismo, existe un predictamen en comisión para la creación de la Universidad Ciro Alegría de Huamachuco. Esto además del Instituto Tecnológico que el Ejército absurdamente quiere convertir en Universidad. ¡Seis universidades más en camino y nueve en total! Mejor dicho nueve nuevos centros de estafa universitaria pagados por el Estado.

El Perú no tiene un problema de demanda, lo que ameritaría crear nuevas universidades, sino de oferta universitaria. Es decir, no tenemos necesidad de más centros universitarios ni de más jóvenes universitarios en relación con el rango de edad, sino de universidades pertinentes y de calidad. Universidades que enseñen e investiguen lo que el país necesita y lo hagan con un cierto nivel académico. No como ahora que la mayoría de universidades enseña cualquier cosa y la supuesta autoridad nacional universitaria avala el plagio (ver comunicado de la Universidad Católica al respecto). La obligación del Estado es financiar las universidades públicas y regular al conjunto, pero no hace ni lo uno ni lo otro. El Congreso, por su parte, usa la creación de universidades públicas para satisfacer los intereses clientelistas de sus miembros sin importarle que no haya dinero ni profesores para las mismas, cualquier improvisado a propina está bien para ellos.

Felizmente ya ha habido alguna reacción en contra. Las universidades nacionales de Piura y Trujillo, cuyos bienes quieren ser expropiados para crear algunos de estos despropósitos (Sullana y Huamachuco), han protestado en sendos comunicados. Pero al Congreso en año electoral parece que nada le hace mella y la farra continúa. Es más, tal es el descaro de estos representantes que aprueban las creaciones en el pleno por unanimidad, como si le estuvieran haciendo un bien a la patria. No hay nadie que tenga el coraje de pararse para defender a la universidad peruana.

En este contexto no es curioso que los congresistas no quieran debatir soluciones de fondo como el proyecto de ley universitaria existente. Prefieren un sistema universitario a la deriva, al que puedan morder de vez en cuando para llenar su bolsa electoral.

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